Las cortinas olían a semen acumulado, ropas sucias de colores primarios adornaban los pasillos, zapatos con olor de mal hombre se asomaban por las puertas. Eso fue lo primero que vio Martina cuando entro a la casa del tipo con lunares rosados. Le explicaba que lo entendiera, que era soltero, que la letrina era negra por el fiestón del fin de semana. Martina porque a veces es estúpida, accedió a la invitación de ver una película con él, ella la escogió, se llamaba “EN BUSCA DE LA FELICIDAD”.
Si, es que Martina estaba pasando por una de esas etapas que todos conocemos, la depresión a causa del desempleo, no encontraba guanavana ni tomates verdes en todo el pueblo. Entonces se sentaron en lo que sería el comedor, ella mascaba lentamente para digerir el lugar, excusándose con que el tipo era bello, simpático y bien vestido, el termino primero que ella, se levanto de la silla andando hasta la habitación principal, ella seguía mascando cada vez más lento, antes del último mordisco de la cena más triste en mucho tiempo se apareció el tipo frente a ella con interiores apretados en estampados de cebra. Martina se burlo de sí misma por estar allí, se sentó con el tipo acebrado a un lado de la cama, le entrego la película, en el acto de mayor hombrealdad el dijo:
― No tengo ganas de ver películas quiero que me beses ― A punto de reventar las cebras que lo ataban
― No vine a coger contigo vine a ver la película. ― Responde Martina tajante
Como todo buen hombre, experimentado y soltero uso la terrible hazaña:
― Entonces no te gusto lo suficiente. Tócame para que veas como esta de duro por ti
Martina se espanto, él agarraba su mano para que lo sintiera, se negaba, lo amenazo, el insistía, hasta que tres gritos de hombre que salían de su garganta hizo que el la dejara en paz.
Sin películas, sin hormonas, sintiendo lastima, no sabe si mas por el o por ella, se tomo tres pastillas para dormir dejándolo aislado con su interior sometido pero todavía acebrado.
A las cinco de la mañana sintió un ruido, tal vez dos. Era él, pajeandose oliendo igual que las cortinas, rogándole que por favor lo tocara, le agitara las bolas en círculos. Ella se quito la blusa, luego el pantalón de dormir, se paro al frente con voz firme
― Ya, aquí me tienes desnuda, frente a ti, acaba, quiero verte acabar.
El tipo trato de tocarla sin ninguna victoria, ella seguía allí, templada, desnuda, el acabo y el olor de las cortinas aun más fuertes se quedaron sepultados en su memoria para siempre . Al terminar el se lo agradeció, como se agradece que te paguen el café.
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