Los bancos son las sucursales del infierno, están diseñado para que los pobres mortales pierdan días enteros de sus vida en ellos, sirven para recordar que así seamos diseñadores, profesores, cocineros, geógrafos, volveremos a el, si todo fuera como las propagandas de estas entidades, cuando la voz sexy y calmada nos exclama; “VIVE LO QUE SUEÑAS” o peor aun “ADELANTE”. Eso pensó Martina cuando iba en su cuarta hora de espera para cobrar un mísero cheque por el que rogaba no fuese rebotado y ella finalmente estuviera adelante. En esa fatal espera un hombre se le acerco, le dijo murmurando:
― Ven en cinco minutos a la oficina de ventas ― Caminando hasta la cabina donde se encerró.
Martina noto que el cartel en la oficina decía SUBGERENTE DE VENTAS, no espero cinco sino quince minutos, entro feliz por el despido a la espera y curiosa por su suerte.
La saludo como si la conociera de atrás, de años, le pregunto por su madre, su trabajo y Natasha. Martina se asusto, lo desconocía, el seguía haciendo preguntas de un pasado borroso, adolescente, del que ella solo recuerda lo necesario. Vio su carnet con el nombre en negrita Alirio Moncayo, los retazos inminentes del pasado se acribillaron en sus dentritas, Alirio fue el come luces, ella sonrió y finalmente pudo contestar:
― Te comías todas las luces y quedábamos a oscuras.
Recordaron, repasaron sus vidas, los bancos son ideales para repasar la vida. Ya han pasado once años, el calvo y flaco, ella en tacones y adulta. El le conto que estaba en la búsqueda de bebes.
Martina se burlo de su búsqueda incansable de la felicidad ― ¿Hasta donde llegaron los estragos de tu adultez Alirio?
Malicioso pregunto interrumpiéndola ― ¿Aun odias los penes martina?
Martina expuesta por la respuesta-pregunta de Alirio, no tuvo más opción que respirar aire suficiente, alargar el cuello y achicar sus ojos
― No los odie, no los odio. Les temo de vez en cuando ― luego de recobrar algo de seguridad le recalco ― el tuyo en particular era de terror.
― ¿Por qué era morado o insuficiente? ― pregunta Alirio invadido por el sarcasmo.
La suficiencia, el color, tamaño y la textura del pene de Alirio no estaba en los recuerdos de Martina, pero si su postura.
― Tu pene es un izquierdista, solo miraba y saludaba a la izquierda. Mis partes derechas estaban desoladas, por eso solo te besaba en un testículo.
Ya los trámites del cheque estaban listos, Martina esperaba el dinero, Alirio la imagino por un instante desnuda, sudada, recibiendo saludos de la izquierda, a los segundos recobro la compostura, le entrego el efectivo. Ella se despidió con la falsa promesa de un nos vemos después, y el observo como se marchaba la dueña de su trasera virginidad.
Te comías todas las luces y quedábamos a oscuras. bonita frase
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