Blanca es casada, algo mayor pero no lo suficiente, se acuesta con Martina. Ellas juntas tienen la capacidad para envolver las noches como un Caramelo saboreando hasta la despedida, a veces cuando Rómulo no está Martina hace visitas extramatrimoniales, a Blanca le gusta experimentar, Martina es su primer roció lésbico. Le sorprende que la vagina de Martina sea tan grande, su abuelita le decía que ella tenía la vagina de una chivita, pequeñita, angosta, donde la ranura comienza más abajo que de costumbre.
Esa noche fueron al cine, Martina estaba furiosa por la cantidad de gente ignorante, troglodita, iletrados y atrasados mentales que van al cine a conversar, reírse, burlar, dañando su película, perdiendo la inversión realizada en la taquilla sin lograr que alguno de los trabajadores del cine en verdad tuviese la valentía requerida para retirar a este público de la sala. Blanca es la calma, el silencio, el abrazo, le recuerda que solo se verán este miércoles porque Romulo vuelve, que hicieran gratos sus momentos, la invito al motel, ese de camas de cemento con un colchón en forma de corazón donde a Blanca le quedan los pies afuera por ser muy alta, se besaron, Martina se acomodo encima de su trasero, le rozaba los labios por la espalda, pesaba el olor de su cuello, de repente en un gemido le sujeta fuerte el cabello, logra separarle las piernas dejando su trasero expuesto, descubierto, abierto, palpando con su lengua desde allí hasta donde comienza su pequeña ranura, se sumergieron en un tobo de colores pélvicos, así estuvieron por dos horas y ninguna lo había notado, cuando terminaron no hubo tiempo para mas abrazos, esos ya dolían mucho, venciéndolas el sueño, se levantaron al otro día, a las diez de la mañana, se vistieron en dos minutos, se maquillaron de osadía para llamar a un taxista que las llevaría a comprar el almuerzo y un regalo para Rómulo, hasta el próximo viaje!