jueves, 29 de septiembre de 2011

OrALidaDES

Martina viaja desde el  Maporal mas de cinco horas en un carrito sin aire acondicionado esperanzadamente rápido para ver a Alejandra, no han tenido mucha suerte, Alejandra vive en Mérida, llegar a Mérida para personas como Martina es de cierta manera frustrante, ya que empieza a decir una lista cierta e insolente del Maporal ― En Maporal hace mucho calor, en Maporal todos los comercios cierran a las cinco, En Maporal la curda es más cara, en Maporal no hay librerías, ni eruditos, ni mujeres inteligentes, ni hombres lindos  ―  Sin embargo, ese malestar es olvidado rápidamente porque ver a Alejandra lo recompensa todo, la pensó la mitad del camino, recordó sus viajes a Choroní con la carpa rota, al Barquisimeto que no conocieron por estar voluntariamente apresadas en el hotel, cuando se acariciaron en la cima de lo que según Alejandra es el segundo puente más alto de Latinoamérica.
Alejandra siempre la complacía, desfilaba en encajes para Martina, es la única que hasta ahora ha sido lo suficientemente cojonuda para ponerse ligueros frente a ella; sentarse en el sillón con el cigarrillo en la boca mientras Alejandra pasea por los redondos de su figura es lo único que tiene Martina entre las cejas.
Cuando llegó al apartamento de Alejandra, ella estaba allí, en encajes efectivamente, blanca, serena, suave, besaba a Martina como si la estuviera descubriendo, en los codos, en las rodillas, en lo rosado de sus pezones. Martina no tenía nada por descubrir, veneraba la vagina de Alejandra, sus labios inferiores sobrepasaban a los mayores, haciendo de Alejandra una vagina única, una vagina vista, olida y restregada por pocas.
Martina se dirigió a la encajada pantaleta para realizar las oralidades correspondientes, solo que esta vez, tendría una sorpresa que la dejaría en el ambulatorio con un ataque de asma inolvidable. Su nariz se percato del olor floral que se desprendía de su sobaco, bajó hasta la división de las cortinas, circulaba su lengua alrededor de aquella especie ligeramente rasurada, las abrió, las masajeó, las lamió. Inmediatamente Martina sintió como su garganta y su paladar se resecaban, se agrietaban, el pecho no resistió, trancándose, negando paso a la respiración, le supo por un instante a detergente, entre la tos y el asfixiamiento pregunto:
 ― Alejandra ¿Qué me pasa, que carajo te echaste?
Alejandra pálida, desconcertada, avergonzada, contesto:
 ― Lady Speed Stick con sensación de frescura.

jueves, 22 de septiembre de 2011

La historia de nunca Acabar

 
  Eduardo tenia lo labios gruesos, una moto Suzuki clásica y tocaba excelente la guitarra, por causas de la música se fueron a la cama, sin embargo resultó ser un tipo muy corriente, lo hacían durante diez, veinte, treinta, cincuenta, setenta minutos, casi dos horas y nada que el sujeto llegaba a su final feliz, ella se aburrió, intimar con un inexperto a veces no resulta fácil; las mujeres creen que por una vez que lo introduce, medio lo mueve  en la misma posición, con el mismo ritmo,  es suficiente para que sea bueno, de eso se convencen casi todas para verse involucradas con cualquier tipejo de mala calidad, (maroma conveniente para disfrazar la soledad). Martina lo sabía, igualmente creyó que podría ser mejor; no dejaba de verlo porque le parecía un tanto recreativo en otras áreas.
  Para mejorar la situación ella le propuso adoptar otro lugar, otra posición de la piel, ella arriba y el abajo, eso sí, el abajo con las piernas bien abiertas tal cual ballet, así ella podía agarrarlo por el trasero y hacer lo propio, de igual manera  él tampoco llegaba a su final feliz. Martina si llegaba, debido a esto sufrieron una reversa incontrolable puesto que ella se venía   primero que él, de quince minutos a media hora era suficiente para que su clítoris disfrutara de una buena exaltación , exhausta  encendía el televisor, el hablaba, hablaba, hablaba. Entendió porque a los hombres a veces les estorban las mujeres, el era así, no paraba de hablar, ella asentaba la cabeza por inercia mientras buscaba la toalla para ir a la ducha. Eduardo le tomaba fotos a su trasero con el celular decía que este gozaba de posturas estéticas dignas de Botero, las unía a la colección de traseros fotografiados en las que solo el distinguía cual era de quien y quien era el de cual.
   En esos meses de pasear  en moto, ver juntos más de 33 películas, ser amantes del olor a huevo frito,  el nunca tuvo un final feliz, siempre era ella; se lo aprendió de memoria, tanto que sabía que botón hundir, donde subir y a qué medida exacta bajar para llegar la gloria. A Martina la emoción le duro poco, de saber cada paso, cada gesto, cada olor, se le hizo cotidiano, predecible  y conoció a una "ALEJANDRA" una vagina, otra historia que contar.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La Bienvenida de Martina


La monogamia es un mito creado por la gente para limitar a la gente, pero seamos sinceros, la monogamia total y absoluta NO EXISTE, cada dia salen mas bisexuales a la calle, y nos encontramos con relaciones clandestinas a la vuelta de la esquina de mi cama donde todos daremos una mirada a la vida de una mujer que hace lo que quiere y como quiere, a la mujer de los hombres y de las mujeres. Bienvenidos al mundo de la "Martina"